Imagina que la luna fuera del tamaño de un pixel. Apenas del mínimo necesario para poder tener un color.

3,474 kilómetros reducidos a una mota indistinguible en la pantalla de tu celular. ¿Siendo así, qué tamaño tendría el universo?

La tierra sería literalmente un pálido punto azul del tamaño del punto de esta «i».

El gigante de Júpiter, el más grande del sistema solar, sería envidiado por cualquier «x» de cerrar anuncio que se esfuerzan en ser cada vez más pequeñas.

Plutón ni si quiera sería visible y el inmenso sol no pasaría a ser bastante más grande que los íconos de tus apps; cuando mucho, el doble.

La distancia entre la tierra y la luna, del ancho de tu meñique. Pero de la tierra al sol, aproximadamente 27 veces la pantalla de tu celular… Para ver el sistema solar completo, 1600 veces.

Pero ninguna de estas comparaciones tienen sentido si resultara que el universo es infinito. No existiría escala capaz de reducir la infinidad en algo que podamos vislumbrar.

Mientras, imaginemos que la luna fuera del tamaño de un pixel y por lo tanto cada scroll cientos de veces más rápido que la velocidad de la luz para recorrer el universo entero. Pues nadie sabe si el cosmos es una página precargada o un HTML infinito que siempre mostrará más universo cuanto más nos alejemos.

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