La ingeniería genética ha prometido revolucionar la vida humana como la conocemos… ¿pero doggos que brillan?

No es broma. Este cachorro con luz neón aparentemente ideal para iluminar un antro gay en la Roma es un objetivo real que alguien aspira alcanzar con la famosa herramienta de edición genética CRISPR/Cast9, mejor conocida por su nombre de pila: CRISPR.

¿Pero en serio hay científicos trabajando para que un perro brille cual sacado de Twilight?

Pues no.

– Ohhh… ¿No que no era broma?

No lo es. Lo que sucede es que no es exactamente un científico quien lo está intentando:

A grandes rasgos, CRISPR consta en usar una proteína que «corta» una parte específica del ADN y pega otra secuencia, permitiendo que el organismo presente nuevas características asociadas a este «Copy-paste» biotecnológico.

A pesar de que suena a un proceso muy complicado y de laboratorio, en realidad puede hacerse (y se hace) en garajes de personas comunes y corrientes sin presumible experiencia en biología pero con acceso a YouTube, como es el caso de este sujeto del perro bioluminiscente.

Lo que te vengo contando hasta aquí es el plot de una nueva serie documental en Netflix que me FAS-CI-NÓ: U̵n̵natural Selection.

Siempre me ha interesado el debate de la ética sobre las posibilidades que nos ofrece la edición genética. Por ejemplo:

¿Si se pudieran curar o evitar enfermedades simplemente editando los genes de un individuo, estarías de acuerdo?

Superficialmente esta pregunta podrá parecer un SÍ unánime, pero detallemos más: ¿de qué enfermedad estamos hablando?

Si fuera el SIDA, por supuesto. Un mundo donde puedas meterla donde quieras sin peligro de muerte, suena a una vida que esperaríamos volver a vivir. Lo mismo con el cáncer, alguna enfermedad mortal.

Ahora: ¿La vejez es una enfermedad?

Pueeees… quién sabe, pero de que trae muchos malestares… Pocos se opondrían a mejorar la calidad de dicha etapa de la vida.

¿Y qué dices de erradicar el síndrome de Down o el autismo?

Uuuuy… Se pone más espinoso el asunto. Y más cuando hablamos de trascender a las enfermedades y usarlo para ser más fuerte o inteligentes, cosa que podría suponer que ciertos privilegiados con la edición genética pudieran desplazar a la población que no, aumentando la discriminación social.

¿Entonces si democratizáramos esta tecnología para que no estuviera sólo al alcance de ricos, sería la solución?

Si tomamos ese camino, sería ultra complicado de regular. ¿Qué impediría que alguien lo use para objetivos menos éticos que un perro luminoso; como un arma biológica creada desde un ático con unas cuantas muestras de ADN y acceso a Amazon?

Es un tema difícil, incluso con las partes «fáciles» del debate coma la de humanos resistentes al VIH, que se mete con la ética de experimentar con humanos y la infinidad de variables que no podemos prever al hacerlo.

¿Entonces debemos conocer 10,000 millones% el panorama antes de empezar (y quizá nunca empezar)? ¿O debemos ponernos en marcha en pro de la humanidad con el riesgo de provocar algo irreversible?

Para mí la respuesta – que me genera más incertidumbres que certezas – es que no podemos impedir el avance tecnológico; podemos retrasarlo, pero la curiosidad humana y el conocimiento siempre se encuentran camino. Así que elijamos el camino que elijamos, va a pasar; está pasando; y vamos a tener que reaccionar rápido. A veces con precaución y otras sobre la marcha.

Algunos se asustan al imaginar que podríamos tener la capacidad de alterar lo que somos y lo que es el mundo ¿pero que no esa ha sido la historia constante del ser humano? Mira a tu entorno y la mayor parte de lo que veas no estaba ahí de forma natural. Y nadie podía predecir lo que pasaría ni con cosas tan «anticuadas» como un tren a otras tan actuales como el Internet.

El mismo dispositivo desde el que lees esto te ofrece una ventaja que puede ser aprovechada de buena o mala manera. La tecnología nunca – o siempre, cómo lo quieras ver – es peligrosa. Es peligrosa la forma en que la utilizamos.

No importa si el salto se da en 5 ó 50 años, lo más importante es ser responsables con la tecnología que usamos, pues recordemos que la ciencia no la hacen compañías ni países, la hacen individuos. Personas capaces de ser éticos con los desarrollos que llevan a cabo con sus mentes y habilidades, de optar por rechazar una agenda en contra de sus principios y trabajar sólo aras de mejorar el mundo.

El futuro de la biotecnogía no es la excepción.

Podemos usar la edición para hacer que todos tengamos perros luminosos, que no está mal por sí mismo, o podemos usarlas para acabar con las enfermedades que traen más sufrimiento a la humanidad. ¿O tú qué piensas? Te leo en los comentarios.

Leave a Reply

Your email address will not be published.